viernes, 9 de enero de 2015

La Muerte De Un Militar II

Desperté. Es otra mañana del mismo imperio otomano. Recibí una carta que decía que mi hermano está muerto. No siento nada. Pero la carta de mi hermano vuelve a llamar mi atención; está muerto, pero no siento nada.

El Emir me citó en su despacho,
—Tu hermano ha muerto
—Lo leí en la carta
Debes irte a despedir a tu hermano
No sé si contestar, no tiene ningún sentido despedir a alguien que está muerto. Sí señor.

Me retiré del despacho y me dispuse a empacar para el viaje. Será agobiante viajar a Constantinopla desde aquí. Son aproximadamente seis horas de viaje en coche tirado por caballos para ir a ver a alguien que no existe.

Llevaba tres horas de viaje cuando un militar me despertó y me dijo que hacíamos parada en una posada. Dije: "gracias" fingidamente. Sólo me interesaba olvidarme de todo esto. Caminaba a la posada para refrescarme cuando el mismo militar me preguntó,
¿Qué harás en tu visita a la capital?
A lo que respondí con cierta duda
Despediré a mi hermano.
 ¿Irá a la guerra?
No. Está muerto.
El militar clava una mirada apenada lo siento.
Pensando en evitarlo contesté  prefiero caminar solo.

De vuelta al camino me pongo a pensar en qué diré cuando vea a mi muerto hermano. No importa, lo sabré en el momento.

Llegué al campamento militar donde tienen el cuerpo de mi hermano y un señor me mira extrañado.
¿Quién está a cargo? —pregunté
El capitán. Vaya a ese campaña.

Le agradecí al malhumorado militar con una sonrisa. Entré al campamento al que me dirigió aquel hombre. Hay muchos hombres dentro hablando y fumando hachís, —disculpen, necesito hablar con el capitán, un hombre tosco, con barba canosa y asqueroso de sudor tose y se pone de pies invitándome a salir del campamento.
¿Vienes a ingresar fellah?  que significa campesino.
No señor. Mi hermano ha muerto.
Lo siento. ¿Cómo se llamaba?
Amín.
Era nuestro mejor hombre.

 Llegamos a la morgue y recorrimos varios féretros listos para ser cremados hasta que llegué al rostro de mi hermano. Sus ojos estaban abiertos, llenos de confianza. Estaba pálido; estaba bien muerto, pero mal matado.

¿Quién le ha matado?
Le ha matado un troll en nuestra última expedición en el norte. Nunca pensamos que moriría en batalla; era un luchador aziz.
Me lo llevaré.
Lo tendremos preparado, pero hay unos papeles que deben formalizarse.
Bien.

En la oficina de la morgue saca del archivero unos anteojos y  papeles. Los organiza y me señala donde debo firmar. Terminé de firmar.
Gracias señor  — contesté entusiasta.
Lo siento fellah.

Me retiré hacia una posada cerca de la ciudad, a unos quince minutos en coche del campamento militar. Mañana a las nueve horas tengo que recoger el cuerpo de mi hermano.

Desperté. Era otro día del mismo imperio otomano. Mi hermano ha muerto. Hoy me entregan su cuerpo.

Me dirigí al campamento. Ahí está aquél militar con el que compartí en el coche hace dos días. No me interesó. Seguí caminando hasta la morgue, pero no hay  nadie. Veo que todos se suben en sus caballos armados y listos para la guerra.

Estoy frente al cuerpo de mi hermano. Sigo sin sentir nada, pero no importa. Veo el cuerpo de mi hermano; noto que permitió su muerte. Sé que es un gran peleador, lo recuerdo. Lo recordé, pero no sé por qué. 

Fui a parar el capitán sin éxito. Pensé en mamá; y en que su hijo está muerto.

Aquel militar estaba preparándose para ir con el grupo. Me vio,
¿Qué haces tú aquí?
Mi hermano ha muerto.
¿Quién era tu hermano?
Amín. —sembró su mirada en la arena y quedo extrañado.
Amín… respondió labios.
Lo conociste...
Sí, fue mi compañero.
Dudé de su tono y pregunté,
—Dime cómo murió.
Peleábamos en el norte, cuando el enemigo le atacó quedando indefenso y muerto.

Lo mire detenidamente. No me convence. Las historias no coinciden entre este hombre y el capitán. Alguien miente, pero no importa, está muerto. Sólo me llevaré a mi hermano. El militar interrumpe mi pensamiento diciendo Espera que volvamos de la expedición para despedirlo con dignidad; era un gran peleador, — marchó.

Dejé a mi hermano un día más en la morgue sin descuido. Aun sigo sin estar convencido de su muerte. Las historias no coinciden, pero no importa, dormiré.

Es media noche. No he podido dormir. Tal vez sea porque empieza a importarte la muerte de mi hermano; ¿fue un furioso troll o fue una traición militar? No importa, no puedo hacer nada. Volveré a dormir.

Han pasado cuatro horas desde la última hora en la que desperté. Me dirigiré al campamento en busca del cuerpo de mi hermano. Me sorprende que haya muerto.
Mi hermano ha muerto y lo vengaré...

(Continuará)

-Salvador Flores-

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